
El detalle del perrillo meando... lastima que el examen era de mates y no le fue tan bien.

Antes de nada, agradecer a mi amiga Saakis el recordarme que tengo un blog. A veces, casi se me olvida.
Un clásico de los institutos son los apodos, motes. Creo que si nunca te pusieron ninguno, es por que no se atrevieron ha hacerlo y debes dar miedo o simplemente no te enteraste. En cualquier caso es divertido conocer el propio origen de los apodos, pues no siempre es tan evidente como se piensa.
A mi mente me vienen rápidamente:
- El Panata (casi siempre va acompañado de un: “el …” supongo que es más macarrilla)
- El Galleta
- El Chino
- El Lito
- La Colero
- …
Y muchos más, y más divertidos.
Generalmente al principio molestan.
Pues bien, en mi instituto a un alumno mío le llaman “arenita”. El alumno se llama Ariel, de “Ariel la sirenita” ha evolucionado a “arenita” (para mi gusto, mucho más divertido). Lo que pasa que al alumno le hace perder tremendamente los papeles, y si le digo a la clase: “por favor… no le llaméis arenita”, parece que el alumno se quema más. No puede ni oír pronunciar la palabra: “arenita”.
Odio las despedidas. Si la formalidad me lo permitiese, me hiria de los sitios sin decir adios. No encuentro palabras y solo pienso en mancharme cuanto antes.
En este caso no es así. Ha sido mi abuelo el que se ha ido. Mi abuelo asturiano: güelito.
Desde pequeño tuve la imagen de un hombre inquebrantable. Creía que podrían venir todos los vientos del mundo que nunca lo tumbarian.
Como madrugaba para ir al prao a cortar la llerva, con su pequeño gorro y su gran guadaña, le pusimos el apodo del: “honrado trabajador”, a lo que él contestaba con una agradable sonrisa y su clásica levantada de cejas.

De joven era todo un don Juan. Por eso a mi abuela siempre le decimos que tubo muy buen ojo.

Me encanta recordarle, escanciando sidra:
O en su “oficina”, arreglado cualquier trastito, o fabricando instrumentos de madera para regalar a los demás. Ahora que no está, como me alegro de tener todos esos recuerdos suyos.

Pero lo mejor, es que siempre fue un hombre libre. Vivió tranquilo y feliz. Casado 63 años con mi abuela, aun recuerdo el beso de las bodas de oro, ambos felizmente vuelta a casarse.
Para mi, un ejemplo a seguir.
Así que guelu, allí donde estes, disfruta viendo a tu sportin de Gijón, resolviendo crucigramas, o cortando la llerva, que en esta vida, no pudiste ser más feliz.
Un cálido, enorme, y triste abrazo a mi guelu. Te quiero guelu.